Rufino Tamayo

 “A mí me tocó vivir la época en que Alberto y Enrique manejaban la obra de mi tío Rufino, -nos dice-; los traté no sólo en el aspecto comercial si no en la relación amistosa que se convirtió en una verdadera y gran amistad, sobre todo con Alberto y Allegra.

Rosa María Bermúdez

Sobrina de Olga, la esposa de Rufino Tamayo, Rosa María Bermúdez habla de su relación con Alberto Misrachi.

“Recuerdo momentos muy agradables en la casa de los Misrachi donde se organizaban cenas con gente importante, y en los viajes que hicimos juntos, por ejemplo, a Florencia, donde a mi tío le hicieron una exposición muy importante en el Palacio Strozzi. A ese viaje fueron Alberto y Allegra, y un grupo de amigos. Cuando mi tío en 1979, le hicieron un homenaje en el con museo Guggenheim de Nueva York, también vinieron con nosotros. “

“Alberto era cariñoso con mi tío; me recuerdo que decía: ´A ver chacho , tú ¿qué opinas? ‘Amistad, siempre hubo, lo que se acabó fue la obra; llegó un momento en que Alberto y mis tíos no estuvieron de acuerdo en ciertas cosas, y se disgustaron. Los problemas empezaron por que a mi tío le pidieron unos dibujos para un libro, pero como nunca falta quién, por envidia, salga con que ´los dibujos se estaban vendiendo por fuera’, pues por ahí empezaron los problemas.”

“Cuando a mi tía se lo dijeron empezó a gritar :¡Que barbaridad! ¿Qué se están creyendo? ´ Y allí fue donde ardió Troya. Y como en ese momento habían llegado los de la galería Malboro y a mis tíos les alegraron el oído, no hubo poder humano capaz de hacer que Olga, le volviera a dar a Alberto obra para la venta. Se acabó la obra pero no la amistad.”

“Alberto fue muy importante en el ámbito cultural por que tuvo trato con los principales artistas de México que tenían talento: Diego, Zuñiga, Mérida, mi tío Rufino. Alberto era su confidente, le tenía muchísima confianza porque ( y aquí a lo mejor voy a ser un poquito indiscreta, pero fue parte de su vida y lo que realmente pasó) cuando mi tío tenia que ayudar a ciertas personas iba con Alberto y le decía: Aquí está, este lo vendes, pero que no se entere Olga’. Y que no se enterara mi tía porque … ¡A ese grado le tenía confianza a Alberto! Yo me enteré años después, porque Enrique me lo platicó.

La galería que le dio más impulso fue la de Alberto, con los libros de arte, aunque los de Diego eran demasiado comerciales. Pero sí, a mi tío le dio un impulso grandísimo. Además, con Bellas Artes enfrente y la Casa de los Azulejos, al lado, venían muchos turistas que compraban obras de arte, dibujos, óleos, libros. Central de Publicaciones fue el eje de esa época porque entonces no había tantas galerías como ahora; estaba la de Toño Sauza, la de Juan Martín, y bueno, la de Inés Amor. Mi tío de hecho, había empezado con Inés, pero acabó de la misma manera: peleadísimo.

“Con el primero que empezó a tratar fue con Alberto grande, el tío, el esposo de Ana, a quien también quiso mucho. Después cuando mis tíos regresaron de Nueva York, a principios de los cincuenta, empezó la relación con Alberto chico. La galería Misrachi se hizo de mucho prestigio y bajo la mano de Alberto, contribuyó a que sus artistas llegaran a tener nombre, aunque algunos se fueron a Nueva York y otros no sé a dónde, Alberto creyó en ellos. Por eso digo que mucha gente le debe de deber mucho, porque siempre los apoyó, sobre todo en su galería de Génova, en la época en que la Zona Rosa estaba en su mero esplendor. Desde luego Alberto deja una huella muy importante en el arte, en México. ¡A mí lo que me falta es tiempo! Decía mi tío Rufino. Y a lo mejor es lo que a Alberto le faltó: más tiempo.”

“Alberto y Allegra, desde el año ´65, nos invitaban a Olga, a Rufino y a mí, a su casa de Valle de Bravo. Allí tenían un letrero que decía ´Allegra´y luego una T, que quería decir ¡ Alegrate !or que así les había dicho mi tío que le pusieran !

Geller, Luis. El Alberto Misrachi Galerista: Una vida dedicada a promover el arte de México. México: Editorial Sylvia Misrachi, 1998.